terça-feira, 25 de outubro de 2011

RAMILLETES DE SETAS

coprinos, una familia de setas muy común en nuestros parques.
     Por fin el tiempo vuelve a sus cauces normales y el viento ha despejado los parques de muchos de sus habituales viandantes. Quedan los incondicionales de esta época del año: perros paseando a sus amos, deportistas de cuerpo y alma, alguna pareja solitaria y cuatro nostálgicos de turno que han salido a disfrutar el frío y la caída de las hojas. El G.P. no puede decir que disfrute con el frío y la lluvia pero al menos le alivia. Por fin se podrá ver un otoño en condiciones, como manda el calendario. Y aprovechando las circunstancias, dimos el pasado domingo una vuelta por el parque del Príncipe a ver qué nos encontrábamos. El resultado no pudo ser más otoñal, aunque en realidad no dependería para nada de la lluvia.
    En las raíces de una acacia nos encontramos unos buenos ramilletes de setas, llamadas por los entendidos "lignícolas", puesto que solo crecen sobre raíces y tocones de árboles que hacen de huéspedes. En este caso, varios ramilletes se habían amontonado en la pobre acacia y crecían apretadamente casi unos sobre otros. Mientras Juan tiraba el carro cuesta abajo, el G.P. se dedicó a hacer unas cuantas fotos e investigar con ansia aristotélica qué diantre de hongo tenía delante de sí. Como el G.P. se siente inseguro en el mundo de la micología, decidimos tirar en casa de libros y enciclopedias y llegamos a la atrevida conclusión de que quizás se trate de una especie cercana a la foliota cambiante (Kuehneromyces mutabilis), una pequeña seta apreciada en el mundo culinario, a pesar de su pequeño tamaño o más posiblemente el coprino micado (Coprinellus micaceus). Claro que pronunciamos el juicio con todas las reservas posibles. Para un pobre ignorante que solo es capaz de reconocer el parasol, aún le queda mucho por aprender en este intrigante mundo.


Distintos ramilletes de coprinos creciendo en las raíces de la acacia.

Ha bastado un día de lluvia y viento para traernos el otoño de golpe.

domingo, 23 de outubro de 2011

EL PAPAMOSCAS ATACA DE NUEVO



      En este otoño tan seco no ha habido todavía ocasiones para muchas alegrías. El letargo estival se ha prolongado un mes más y nos ha dejado sin algunos visitantes habituales de la temporada. Pero lo que es malo para algunos no lo es tanto para otros: lo que no nos han fallado han sido nuestros pequeños pájaros de los parques. Alegres con una temporada que todavía les proporciona alimento, desde los frutos otoñales a los insectos del buen tiempo, es el tiempo idóneo para escuchar al petirrojo, o ver más de cerca a los carboneros. La anterior semana fue el turno del papamoscas cerrojillo. Tan solo el GP lo había visto en una ocasión en el parque del Príncipe, y otra vez tuve la oportunidad de fotografiarlo con más tranquilidad. Él estaba en la tarea suya y de los mirlos: buscar suculentas lombrices en los terrenos más umbríos del parque, y damos fe que consiguió un buen par de presas.  

Dado su pequeño tamaño y sus tonos grises, el papamoscas pasaba fácilmente desapercibido en la alfombra verde del parque. Sus movimientos nerviosos acabaron delatándolo ante nuestra implacable cámara. 

sexta-feira, 14 de outubro de 2011

EL ÚLTIMO HABITANTE DE MALTRAVIESO

      Deseando enseñar el origen de nuestros ancestros a Juan, dimos un paseo más largo de lo habitual y fuimos a parar ni más ni menos que hasta la cueva de Maltravieso. No pudimos ver gran cosa, pues era lunes y el centro de interpretación estaba cerrado. A pesar de ello, hicimos con que nos cortábamos los meñiques y nos asomamos a la reja de la cueva. Allí descubrimos con sorpresa uno de los últimos inquilinos de la gruta, a la que las rejas no suponen impedimento alguno para habitarla sino más bien descanso: una preciosa largatija ibérica. Esta se encontraba tan ricamente en la puerta de la gruta, ajena sin duda al prehistórico trajín humano del lugar. Tan solo huyó de nuestro lado cuando Juan se acercó con una vara amenazando y gritando de una forma... algo primitiva, acorde con el lugar. 
 

Curiosas concreciones arriñonadas de calcita en la entrada a la cueva. Lástima no poder ver los tesoros geológicos y arqueológicos del interior...

Regreso a los orígenes.

sábado, 1 de outubro de 2011

CRUCIANAS EN LA PARTE VIEJA

     
     Me resulta ya extraño tener que escribir un nuevo mensaje sobre más perlas geológicas que nos encontramos por los muros de la parte vieja. Y después de haber encontrado dendritas y braquiópodos, ahora nos topamos con unas crucianas que habían pasado desapercibidas ante nuestra atenta vista, quizás porque no era la zona transitable habitual en los paseos del G.P. con Juan. Estas crucianas son típicas de los yacimientos paleozoicos de la provincia de Cáceres: los podemos encontrar en las Hurdes, Monfragüe y por supuesto, en la zona de las Villuercas. En determinadas zonas del Alentejo se encuentran ejemplares de renombre internacional. Quizás las más visibles para nosotros sean las que aparecen también como material de construcción en algunas casas de las Hurdes.
    Pero... ¿qué rábanos son las crucianas? Semejante nombre merece una mínima explicación. Cuando nuestros antepasados en forma de trilobites y otros animalitos similares rondaban por el fondo del mar, iban dejando, como hacen hoy sus descendientes, un rastro en la arena. En determinadas condiciones, esos rastros se han preservado: debido a rápidos procesos de sedimentación, el lodo se convirtió en dura roca y gracias a eso lo podemos apreciar ahora. Es lo que denominan los duchos en la materia icnofósiles: rastros de seres vivos.
   En realidad, desconocemos si son crucianas, pistas de desecación o quizás el resto de otro fósil. En cualquier caso, es la explicación más probable. Desgraciadamente, en nuestras salidas camperas todavía no hemos podido encontrar in situ ningún rastro para terminar de confirmar nuestra hipótesis.

Dos rastros fósiles formando una cruz sobre la roca.


La calle del palacio de Carvajal, lugar donde nos encontramos estas crucianas. Aquí Juan se había rebelado y decía que ya estaba bien de perder el tiempo, por favor.